La Encarnación

Definición

¿Quién es Jesucristo? Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre para redimirnos.

¿Cómo se hizo hombre el Hijo de Dios? Por la unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la persona del Verbo, que es la segunda persona de la Santísima Trinidad.

¿Cómo se llama este misterio? El misterio de la Encarnación.

¿Qué es por consiguiente el misterio de la Encarnación? Es el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, o la unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la sola persona de Jesucristo. “Y el Verbo se hizo carne, y habitó en medio de nosotros” (Juan I, 14). 

Revelación de este misterio 

¿Era conocido este misterio antes de la venida de Jesucristo? El Apóstol nos enseña que este misterio permaneció oculto en todos los siglos pasados (Rom., XVI, 25). No cabe duda que el misterio de la Encarnación y Redención fue predicho y creído, pero en lontananza y como entre sombras, quedando ocultas muchas circunstancias de él hasta el día en que Dios, mostrando a las claras el cumplimiento de las profecías en Jesucristo, lo manifestó a los hombres en todo su esplendor.

¿Qué fe tenían los Judíos en el misterio de la Encarnación? Los santos patriarcas y los profetas, iluminados por el Espíritu Santo, lo creían con fe explícita; pero el pueblo lo creía con fe implícita, en cuanto que esperaba al Mesías.

¿Por qué fue menos clara para el pueblo esta revelación? 1º Porque el pueblo, muy inclinado a la idolatría, considerando al Mesías como una divinidad distinta de Jehová, habría adorado varios dioses, y no varias personas en un solo Dios. 2º Porque Dios, ordinariamente, suele revelar la verdad por grados, tanto en orden al tiempo, como en orden a los hombres.

¿Cuándo fue revelado este misterio por primera vez en el Nuevo Testamento? Cuando el Ángel Gabriel dijo a María: “Parirás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo” (Luc., I, 31, 32).  

Nombres del Hijo de Dios hecho hombre 

¿Cómo se llama el Hijo de Dios hecho hombre? El Hijo de Dios hecho hombre se llama Jesucristo.

¿Qué quiere decir Jesús? Quiere decir Salvador.

¿Por qué se da el nombre de Jesús al hijo de Dios hecho hombre? Porque vino a salvar y rescatar a los hombres.

¿Qué otros nombres se dan a Jesús, en calidad de Salvador? Se le dan los nombres de Redentor, porque paga la deuda del pecado; Libertador, porque libra las almas de la servidumbre del pecado y, en consecuencia, del demonio de quien el pecado nos hace esclavos; Mediador, Príncipe de la paz, porque se interpone entre Dios y los pecadores para obtener el perdón del pecado y reconciliarlos con Dios; Reparador, porque repara los males del pecado; Amigo Hermano de los hombres, porque al borrar sus pecados los hace amigos e hijos adoptivos de su Padre celestial.

¿Quién dio el nombre de Jesús al Hijo de Dios hecho hombre? Dios mismo por ministerio de un ángel, que dijo a María: “Sábete que has de concebir en tu seno, y parirás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”; ya San José: “Parirá un hijo a quien pondrás por nombre Jesús: pues Él ha de salvar a su pueblo de sus pecados” (Mat., I, 21).

¿Qué virtud tiene el nombre de Jesús? El nombre de Jesús es: 1º Nombre de gozo  “Mas yo en el Señor me gozaré, y me regocijaré en Dios mi Jesús” (Hab., III, 18). 2º Nombre de confianza “Cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré” (Juan XIV, 13). 3º Nombre de poder  “Al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno” (Filip., II, 10). 4º Nombre de salvación “Fuera de él no hay que buscar la salvación el ningún otro. Pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvarnos” (Hechos IV, 12).

¿Qué quiere decir Cristo? Quiere decir ungido consagrado.

¿Por qué el nombre de Cristo conviene al Hijo de Dios hecho hombre? Porque Jesús fue consagrado por su Padre rey, pontífice profeta. Rey, esto es, Señor, Cabeza de la humanidad, Dominador de las naciones; Pontífice, esto es, Sacerdote eterno o Medianero entre Dios y los hombres; Profeta, esto es, Doctor que habla en nombre de Dios.

Demostrad que Jesucristo es rey.- En cuanto Dios, es el soberano Señor del cielo y de la tierra; en cuanto Dios-hombre, ha recibido todas las naciones en herencia (Salmo II, 8), y fundado el reino espiritual de la Iglesia, de la que es cabeza “Dícele Pilatos: ¿Conque tú eres rey? Respondió Jesús: Así es como dices: yo soy rey” (Juan XVIII, 37).

Mostrad cómo es pontífice.- Él mismo se ofreció a Dios estando en la cruz; cada día se ofrece de nuevo en el altar; y en el cielo, es nuestro abogado y mediador ante el Padre “Tú eres sacerdote eternamente según el orden de Melquisedec” (Salmo CIX, 4).

Mostrad cómo es profeta.- Nos ha revelado los misterios de Dios: Él mismo profetizó y nos enseñó cuanto debemos creer y practicar para salvarnos. “Respondían las gentes: Este es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea” (Mat., XXI, 11) – “Fue un profeta, poderoso en obras y en palabras” (Luc., XXIV, 6).

¿Cómo se deduce de esos diversos títulos que Jesús es el Salvador de los hombres? Con sus ejemplos, les traza el camino del cielo; con su doctrina los ilumina, y, con su gracia y sus sacramentos, los vivifica. Es para ellos el camino, la verdad y la vida (Juan XIV, 6). (Juan XIV, 6). De modo que Jesús Cristo resumen todos los nombres, todos los títulos del Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.

¿Por qué decimos que Jesucristo es el único Hijo de Dios? Porque sólo Él ha sido engendrado del Padre, y le es consubstancial. “Nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el Unigénito del Padre” (Juan I, 14).

¿No son los justos también hijos de Dios? Jesucristo es Hijo de Dios por naturaleza; los justos solamente lo son por adopción, es decir, por gracia. “A todos los que le recibieron, dióles poder de llegar a ser hijos de Dios” (Juan I, 12).

¿Por qué decimos que Jesucristo es Nuestro Señor? Porque es nuestro Dueño, a quien es debida obediencia perfecta. “Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy” (Juan III, 13).

¿Cómo es Jesucristo nuestro Dueño? Jesucristo es nuestro Dueño en cuanto Dios y en cuanto hombre. En cuanto Dios, es nuestro Creador; y, por tal razón, dependemos absolutamente de Él. En cuanto hombre, es nuestro Redentor, que dio su vida para rescatarnos; y, por tal motivo, tanto más le pertenecemos cuanto que le costamos el precio infinito de su sangre. 

Enseñanza de la Iglesia 

¿En qué términos expone la Iglesia la doctrina sobre la Encarnación? La pureza de la fe consiste en confesar que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre” “Es Dios como engendrado antes de los siglos de la sustancia del Padre; es hombre por haber nacido en el tiempo, de la sustancia de una madre” “Dios perfecto, hombre perfecto, dotado de alma racional y de carne humana” “Igual al Padre en cuanto a la divinidad, inferior al Padre en cuanto a la humanidad” “y aunque es Dios y hombre, con todo, no hay en Él dos per­sonas, sino que es un solo Jesucristo” “Es uno, no por conversión de la divinidad en la humanidad, sino par la unión de la humanidad con la divinidad” “Es uno, mas no por confundirse las naturalezas, sino por unidad de persona” (Símbolo de San Atanasio).

¿Qué consecuencias resultan de esta exposición? Las siguientes: 1ª que en Jesucristo hay dos naturalezas distintas, la naturaleza divina y la naturaleza humana; 2º que sólo hay una persona, la del Verbo, Hijo unigénito de Dios. 

Dualidad de naturalezas en Jesucristo

Naturaleza divina 

¿Jesucristo es Dios? Sí: Jesucristo es Dios, porque es Hijo de Dios y en todo igual a su Padre “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios… Y el Verbo se hizo carne; y habitó en medio de nosotros” (Juan I, 1, 14).

¿Dio Jesucristo testimonio de su divinidad? Sí: la afirmó y la probó.

¿De qué modo afirmó Jesucristo su propia divinidad? 1° Atribuyéndose los poderes, derechos y honores divinos. Los poderes divinos: “Todo lo que el Padre hace, lo hace igualmente el Hijo” (Juan, V, 19) –  “Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, levántate (dijo al paralítico), yo te lo mando, carga con tu camilla, y vete a tu casa” (Luc., V, 24) – Ese poder de perdonar pecados que a solo Dios pertenece, Jesús lo comunica a sus discípulos: “Quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonares, y quedan retenidos a los que se los retuviereis” (Juan XX, 23) – Los derechos divinos. El derecho de juzgar a los vivos ya los muertos: “Cuando venga, pues, el Hijo del hombre con toda su majestad, y acompañado de todos sus ángeles, sentarse ha entonces en el trono de su gloria” (Mat., XXV, 31) – El derecho de disponer como dueño del reino de los cielos: “Cualquiera que habrá dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre…, por causa de mi nombre…, poseerá la vida eterna” (Mat., XIX, 29) – Los honores divinos: “Quien al Hijo no honra, tampoco honra al Padre” (Juan V, 23) – 2° Declarándose expresamente Dios ante sus Apóstoles, ante el pueblo y ante el tribunal de Caifás. Ante sus Apóstoles: “Quien me ve a mí, ve también al Padre…. Cómo no creéis que estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Creed lo a lo menos por las obras que yo hago” (Juan XIV, 9-12) – “¿y vosotros quién decís que soy yo?.. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, respondió Pedro. Bienaventurado eres Simón, hijo de Joná, le dijo Jesús, porque no te ha revelado eso la carne y sangre, sino mi Padre, que está en los cielos” (Mat., XVI, 15-17) – Ante el pueblo: “Mi Padre y yo somos una misma cosa” (Juan X, 30) – “Yo soy el principio, el mismo que os estoy hablando” (Juan VIII, 25) –  Ante el tribunal de Caifás:  “Díjole el sumo sacerdote.. Yo te conjuro de parte de Dios vivo, que nos digas si tú eres el Cristo, el hijo de Dios. Respondióle Jesús: Tú lo has dicho” (Mat., XXVI, 63, 64 – Luc., XXII, 70).

¿Cómo probó Jesucristo su divinidad? 1 ° Con la santidad de su vida y la perfección divina de su doctrina. 2º Con sus milagros, y especialmente con el de su resurrección. 3° Con sus profecías y el cumplimiento en su persona de las figuras y de las profecías del Antiguo Testamento. 4° Con la fundación y conservación de su Iglesia.

¿Por qué la vida y la doctrina de Jesucristo prueban su divinidad? Porque la vida de Jesucristo fue vida de incomparable santidad; pudo decir a sus enemigos: “¿Quién de vosotros me convencerá de pecado?”. Su doctrina es de una, perfección sin igual. Luego, si Jesucristo, habiéndose proclamado Dios, no lo fuese verdaderamente, sería un impostor o un alucinado. ¿Cómo se explicaría, pues, en el primer caso la santidad de su vida, y en el segundo, la perfección de su doctrina?

¿Cómo prueban las profecías y los milagros la divinidad de Jesucristo? Es evidente que los milagros y las profecías superan al poder humano; Dios solo puede obrarlos por sí mismo o por sus enviados. Pero Dios no puede poner su sabiduría y poder al servicio del error y de la impostura. Luego Jesucristo que los ha obrado y ha afirmado que era Dios lo es realmente.

¿Por qué la existencia de la Iglesia es otra prueba de la divinidad de Jesucristo? Porque Jesucristo se sirvió para fundarla de personas desconocidas, incultas, sin elocuencia, y sin apoyo humano de ningún género. Según su promesa, esa Iglesia ha permanecido incólume durante veinte siglos, a pesar del encarnizamiento de sus enemigos para destruida. No podría explicarse prodigio tal, si Jesucristo no fuera Dios.

¿El culto que se da a Jesucristo no prueba también su divinidad? hace ya diecinueve siglos que Jesucristo es adorado y amado como Dios por una multitud innumerable, pronta a sacrificarlo todo por Él; mientras las gentes perversas no han cesado de ultrajarlo, blasfemar contra Él y proscribirlo. ¿Cómo se explicaría ese amor y ese odio seculares, si Jesucristo no fuese Dios? 

Naturaleza humana del alma de Jesucristo

¿Jesucristo es hombre? Si: porque real y verdaderamente tiene alma humana y cuerpo humano. “Jesucristo nació según la carne del linaje de David?(Rom., I, 3).

¿Era el alma de Jesucristo como la nuestra? Era, lo mismo que la nuestra, una sustancia sacada de la nada, espiritual e inmortal, capaz de conocer, querer y amar. No se distinguía de la nuestra, sino por las perfecciones de sus facultades y las gracias maravillosas que la enriquecían.  

Inteligencia 

¿Cuál era la perfección de la inteligencia de Jesucristo? La inteligencia humana de Jesucristo no poseía la ciencia infinita, que sólo a la inteligencia divina pertenece; pero poseía en sumo grado, la ciencia beatifica, la ciencia infusa y la ciencia adquirida; nada ignoraba, aun en la tierra, de cuanto puede saber una criatura.

¿En qué consistía la ciencia beatifica de Jesucristo? En ver, desde el primer instante de su creación, la esencia divina: “Nadie ha visto al Padre, excepto el que es de Dios: éste sí que ha visto al Padre” (Juan VI, 46). Aquí Jesucristo hablaba de sí mismo en cuanto hombre.

¿En qué consistía la ciencia infusa de Jesucristo? En conocer, como los ángeles, por medio de ideas innatas, sin imágenes sensibles, sin razonamiento “En Él están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (Col., II, 3).

¿En qué consistía la ciencia adquirida de Jesucristo? En aprender por medio de los sentidos y de la razón. Haciendo uso de sus sentidos y de su razón, Jesucristo aprendía experimentalmente lo que sabía ya sobrenaturalmente “Jesús entre tanto crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Luc., II, 52).

¿Por qué la inteligencia humana de Jesucristo poseía la ciencia beatifica y la ciencia infusa? Porque estaba unida personalmente con el Verbo de Dios.

¿Por qué la inteligencia humana de Jesucristo poseía la ciencia adquirida? Porque Jesucristo estaba dotado, como nosotros, de la facultad de percibir los fenómenos que Son del dominio de los sentidos y de la conciencia, y deducir de ellos, por medio de los principios, por vía de razonamiento, todas las conclusiones que de los mismos se derivan. 

Voluntad 

¿Cuántas voluntades hay en Jesucristo? En Jesucristo hay dos voluntades, la voluntad divina y la voluntad humana.

¿Cómo sabemos que hay dos voluntades en Jesucristo? Lo sabemos: 1º Por la Sagrada Escritura “Padre,… no se haga mi voluntad (voluntad humana), sino la tuya (voluntad divina)” (Luc., XXII, 42). 2° Por las decisiones de la Iglesia “Enseñamos que en Jesucristo hay dos voluntades naturales y dos operaciones naturales” (Sexto Concilio General). 3° Por la simple razón: Puesto que Jesucristo, siendo perfecto Dios y perfecto hombre, debe poseer cuanto conviene a la naturaleza divina y a la humana.

¿Cuál era la perfección de la voluntad humana de Jesucristo? La voluntad humana en Jesucristo era impecable, Y tenía sujeto al apetito sensitivo “El Santo que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Luc., I, 35).

¿Por qué la voluntad humana de Jesucristo era impecable? Porque estaba unida personalmente al Verbo de Dios.

¿Por qué no estaba sujeta a la concupiscencia? Porque Jesucristo poseía gracias extraordinarias, incompa­tibles con el pecado original y con la concupiscencia, que, en el estado actual, es la consecuencia de ese pecado.

¿Era libre la voluntad humana de Jesucristo?  Jesucristo, como hombre perfecto, gozaba de perfecta libertad “Se ofreció porque él mismo lo quiso” (Isaías XIII, 7) – “Yo doy mi vida de mi propia voluntad, y soy dueño de darla, y dueño de recobrarla” (Juan., X, 18).

Si Jesucristo no podía ejecutar el mal, ¿cómo era libre? Jesucristo era tanto más libre, cuanto que no podía ejecutar el mal. Si el poder obrar mal fuese esencial a la libertad, se deduciría que Dios mismo no es libre, por ser incompatible el poder pecar con la santidad divina. La libertad consiste, pues, esencialmente en poder elegir, no entre el bien y el mal, sino entre dos bienes, entre tal o cual medio propio para conseguir un fin; de donde resulta el poder preferir, por ejemplo, la pobreza a la riqueza, el dolor al placer. La facultad de pecar no pertenece a la esencia de la libertad, del mismo modo que no pertenece a la esencia de la inteligencia el poder engañarse. El que obra el mal no usa de la libertad, sino abusa, y se hace esclavo del pecado. 

El corazón 

¿Cuál era la perfección del corazón humano en Jesucristo? Fue el centro del amor más tierno, generoso y puro, que darse puede en una criatura. Corazón manso y humilde: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mat., XI, 29). Corazón lleno de amor para con Dios:  “Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado y dar cumplimiento a su obra” (Juan., IV, 34). Corazón afectuoso y compasivo: “Venid a mí todos los que, andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré” (Mat., XI, 28) – “Me da compasión esta multitud; porque hace ya tres días que están conmigo, y no tienen qué comer” (Marc., VIII, 2). Corazón abnegado y magnánimo: “Nadie tiene amor más grande, que el que da su vida por sus amigos” (Juan XV, 18).

¿Estuvo sujeto el corazón de Jesús a las pasiones inherentes a la naturaleza humana? Jesucristo poseía con toda perfección las pasiones inherentes a la naturaleza humana; pero diferían de las nuestras en un triple aspecto: 1° En cuanto al objeto. En nosotros las pasiones tienden casi siempre hacia las cosas ilícitas; en Nuestro Señor tendían siempre hacia las lícitas. 2° En cuanto al principio. En nosotros las pasiones previenen frecuentemente el juicio de la razón; en Nuestro Señor, el apetito sensitivo estaba sometido perfectamente a la razón, que es la parte superior del alma. 3° En cuanto al efecto. En nosotros las pasiones no se con­tienen dentro de los límites del apetito sensitivo, arrastrando a veces la razón; en Nuestro Señor estaban totalmente contenidas, merced a la divina sabiduría, en el dominio del apetito sensitivo, de tal modo que la razón no encontraba obstáculo en sus operaciones. El temor, el tedio, la tristeza, la cólera contra los malvados fueron en Jesucristo fruto de su libérrima voluntad.

¿Cómo podían conciliarse estos dolores, morales con la visión beatifica de que gozaba el alma de Jesucristo? Jesucristo, habiendo querido sufrir por nuestros pecados, suspendía por un milagro los efectos naturales de la visión beatifica. 

Gracia, dones y virtudes de Jesucristo 

¿De qué dones estaba adornada el alma de Jesucristo? EI alma de Jesucristo estaba adornada: 1º de la gracia de unión, de la gracia habitual, de la gracia actual y de los dones gratisdatos; 2° de los dones del Espíritu Santo; 3° de todas las virtudes compatibles con su calidad de Hombre-Dios.

¿Qué es la gracia de unión? La gracia de unión es la que unía personalmente el alma de Cristo al Verbo de Dios.

¿Qué es la gracia habitual? Es una gracia que perfecciona la esencia del alma es el principio de los actos meritorios.

¿Debía tener Jesucristo esa gracia? Jesucristo debía tener esa gracia: 1º Por razón de la unión de su alma con el Verbo de Dios. 2° Por razón de la nobleza de esa alma que tan próxima debía hallarse a Dios por el conocimiento y el amor. 3° Por razón de las relaciones que deben existir entre Jesucristo y el género humano, cuyo mediador es “Nosotros hemos visto su gloria, lleno de gracia y de verdad… De su plenitud hemos participado todos nosotros” (Juan I, 14, 16).

¿Qué es la gracia actual? Un auxilio transitorio que Dios concede gratuitamente para ejecutar cualquier acto de virtud. Se llama excitante cuando nos incita al bien, y auxiliante cuando nos ayuda a practicado.

¿Qué gracia actual tuvo Jesucristo? Jesucristo no tuvo la gracia actual excitante, porque su alma, unida al Verbo, estaba siempre en continua vigilancia; pero es probable que tuvo la gracia auxiliante, porque su alma, como la nuestra, dependía del Creador, y necesitaba de la cooperación divina para obrar sobrenatural mente.

¿Qué es don gratisdato? Un don sobrenatural concedido a uno para la utilidad de otros.

¿Cuáles son los dones gratisdatos? Según el apóstol San Pablo son nueve: Tres para iluminar: el don de hablar de la sabiduría, el don de hablar de la ciencia, y el de hablar de la fe, esto es, de explicar las verdades de la fe. Cuatro para convencer: la gracia de curar enfermedades, la virtud de obrar milagros, el don de profecía y el de discreción de espíritus. Dos para instruir: el don de lenguas, y el de interpretación.

¿Debía poseer Jesucristo todos esos dones? Jesucristo, como cabeza de la Iglesia, debía poseer todos esos dones para comunicárselos a ella.

¿Debía poseer también los dones del Espíritu Santo? Sí: Isaías lo había anunciado claramente “y reposará sobre Él el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, y le llenará el espíritu del temor del Señor” (Isaías XI, 2, 3).

¿Le eran necesarios estos dones? Le eran necesarios para la perfección de su alma, el ejercicio de las virtudes y la santificación de los fieles.

¿En qué consistía el espíritu de temor en Jesucristo? No era el temor de perder a Dios por el pecado cometido, sino un profundo sentimiento de religión y de respeto hacia Dios.

¿Cuáles eran las virtudes de Jesucristo? Jesucristo poseía la caridad y todas las virtudes morales, sin las imperfecciones inherentes al pecado personal, o que se hallan en oposición con el estado de beatitud. En consecuencia, no necesitaba ejercitar la fe, porque veía a Dios; ni la esperanza, porque poseía a Dios; ni la temperancia, en cuanto que tenga por objeto reprimir los movimientos de la carne, pues no estaba sujeta a la concupiscencia; ni la penitencia, en cuanto consista en detestar los propios pecados, porque Jesucristo no tenía que expiar ninguna falta personal.  

Del cuerpo de Jesucristo

¿Era el cuerpo de Jesucristo verdadero y real? Sí: era un cuerpo real y verdadero compuesto como el nuestro, y no un cuerpo fantástico o celestial, según lo han pretendido algunos herejes “Pretendéis quitarme la vida, siendo yo un hombre” (Juan VIII, 40) – “Mirad mis manos y mis pies, yo mismo soy: palpad, y considerad que un espíritu no tiene carne, ni huesos, como vosotros veis que yo tengo” (Luc., XXIV, 39).

¿Cómo fue formado el cuerpo de Jesucristo? Fue formado milagrosamente de la purísima sangre de la Virgen María. Como el primer Adán, el nuevo Adán no tuvo padre en la tierra; pero convenía que tuviese una madre descendiente del primer hombre culpable con el fin de purificar, en un cuerpo semejante al nuestro, todas las manchas del pecado.

El alma de Jesucristo ¿fue exenta del pecado original, por privilegio, como la de la Virgen María? No fue por privilegio, sino a causa de su unión con el Verbo de Dios, de su visión beatifica y de la perfección de su gracia habitual.

¿Cuál era la perfección del cuerpo de Jesús? No: excepto cuando, en caso de enfermedad mortal, no se tiene a mano un ministro digno; y se puede hacer sin escán­dalo Vistoso en hermosura más que los hijos de los hombres, se derramó la gracia en tus labios” (Salmo XLIV, 3).

¿Estaba sujeto a los padecimientos el cuerpo de Jesucristo? Estaba sujeto al hambre, a la sed, a la fatiga, al dolor sensible causado por las heridas, y a la muerte.

¿Por qué quiso Jesucristo estar sujeto a esos padecimientos corporales? Para expiar nuestros pecados, mostrar que era verdaderamente hombre, y darnos ejemplo de todas las virtudes.  

Unión hipostática

Carácter de la unión de las dos naturalezas

¿Cómo están unidas en Jesucristo las dos naturalezas, divina y humana? Las dos naturalezas están unidas hipostáticamente. Esa unión hipostática, o personal, consiste en que la naturaleza divina y la humana subsisten en una misma persona, la del Verbo de Dios.

La naturaleza humana en Jesucristo ¿está dotada de personalidad? La naturaleza humana en Jesucristo no está dotada de personalidad a, como en los demás hombres, pues tiene el privilegio de pertenecer a la persona infinita del Verbo y de estar gobernada por ella.

Luego en Jesucristo ¿no hay sino una sola persona? En Jesucristo hay una sola persona; un solo yo, un yo divino, el yo del Hijo de Dios. Por eso, la Sagrada Escritura atribuye a la misma persona, al mismo yo, las propiedades y acciones de las dos naturalezas: “El Cristo, teniendo la naturaleza de Dios…. se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filip., II, 6, 7) –  “Disteis la muerte al autor de la vida, pero Dios le ha resucitado de entre los muertos” (Hechos III, 15)De donde resulta que uno mismo es Dios y hombre, el Señor de la gloria y el que fue crucificado, el autor de la vida y el que fue entregado a la muerte.

La unidad de persona, ¿destruye en Jesucristo la distinción de las naturalezas? No: porque en Jesucristo: 1º Las dos naturalezas son perfectamente distintas: la una no se transforma en la otra; no se mezclan ni se confunden. 2º Cada una tiene sus operaciones propias: la naturaleza divina tiene su entendimiento divino y su voluntad divina; la naturaleza humana tiene su entendimiento humano y su voluntad humana. 

Consecuencias de la unión hipostática 

¿Cuáles son las consecuencias de la unión hipostática? Del hecho de la unión hipostática, resulta: 1º Que en Jesucristo, la naturaleza humana es adorable, por ser la humanidad del Hijo de Dios “Al introducir a su primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Diosa” (Hebr., X, 6). 2º Que todas las operaciones de dicha humanidad son las operaciones de un Dios, y tienen por consiguiente un valor infinito. 3º Que la Virgen María es Madre de Dios, por ser madre de Jesucristo, que es Dios.  

Comunicación de idiomas 

¿Qué norma debe seguirse para hablar con propiedad del misterio de la Encarnación? Atenerse exactamente a las expresiones consagradas por la Iglesia, esto es, observar las reglas de la comunicación de idiomas.

¿En qué consiste la comunicación de idiomas? Consiste en atribuir a Jesucristo-Dios lo que es propio de la naturaleza humana, y a Jesucristo-Hombre lo que es propio de la naturaleza divina. De modo que puede decirse que Dios es hombre, que nació y murió, resucitó; y que un hombre es Dios, eterno, inmortal, etc.

¿En qué se funda la comunicación de idiomas? En que la persona de Jesucristo tiene dos naturalezas distintas con todos los atributos de ellas.

¿Qué regias deben seguirse en la comunicación de idiomas? 1ª Los términos concretos, que se refieren a la persona y no a la naturaleza, pueden afirmarse los unos de los otros con relación a Jesucristo. De modo que puede decirse, tratándose de Jesucristo: Dios es hombre, Dios nació, Dios padeció, Dios murió, Dios resucitó; lo que significa que el Hijo de Dios que se hizo hombre, nació como hombre, padeció como hombre, etc. Igualmente, se dice hablando de Jesucristo, Hombre-Dios: El hombre es Dios, el hombre es inmortal: que es como si se dijese: El que se hizo hombre es Dios, es inmortal. 2º Los términos abstractos, que se refieren directamente a las naturalezas ya sus propiedades, no pueden afirmarse los unos de los otros en Jesucristo. No puede decirse por consiguiente que la Divinidad de Jesucristo es su humanidad, que nació, padeció, murió; ni tampoco que su humanidad es la divinidad, que es todopoderosa, eterna, inmensa, infinita. 3ª Los nombres abstractos de la naturaleza divina pueden atribuirse a la persona de Jesucristo; porque la persona del Verbo y la naturaleza divino son una misma cosa. Puede decirse, por consiguiente: el Verbo, el Hijo de Dios es la divinidad, la sabiduría, la omnipotencia de Dios. Pero no se dirá que es la humanidad, porque, aun cuando haya tomado nuestra naturaleza no forma con ella una misma cosa; la naturaleza divina en Jesucristo permanece esencialmente distinta de la naturaleza humana. Para evitar el equívoco, conviene, a veces, usar de una restricción: Dios no ha padecido en cuanto a la divinidad; Jesucristo es una criatura en cuanto a su humanidad. 

 Imagen de la unión hipostática

¿Presenta el hombre una imagen de la unión hipostática? Sí, porque es el hombre, el espíritu y la materia son cosas distintas. No obstante, las dos están unidas de tal modo que de su unión resulta un solo hombre, que se atribuye las operaciones del alma y las operaciones del cuerpo; decimos que tiene alma y cuerpo, que es inmortal y mortal, que piensa, ama, quiere, digiere, respira y anda. De igual modo, en el misterio de la Encarnación, Dios y el hombre forman un solo Cristo, que opera divinamente por su naturaleza divina, y humanamente por su naturaleza humana, pudiendo decir de sí mismo; soy Dios y soy hombre; soy increado y creado; soy eterno y nacido en el tiempo.

Esa imagen de la unión hipostática en el hombre ¿es perfectamente exacta? No, porque en el hombre, el alma y el cuerpo necesitan unirse para constituir la naturaleza humana, mientras que en Jesucristo las dos naturalezas permanecen completas y no forman con su unión una naturaleza superior. 

Maravillas de la Encarnación 

¿Cómo es tan gran misterio la Encarnación? Porque en una sola persona une dos naturalezas: la naturaleza divina y la naturaleza humana, que distan infinitamente la una de la otra “Es grande a todas luces el misterio de la piedad que se ha manifestado en carne” (Tim., III, 16).

¿Por qué hemos de admirar este misterio? 1° Porque manifiesta con más esplendor que cualquier otro los atributos de Dios. 2° Porque procura a la humanidad gloria y beneficios incomparables.

¿Qué perfecciones divinas brillan en la Encarnación? El poder, sabiduría, bondad y justicia de Dios.

¿Cómo brilla en la Encarnación el poder de Dios? Por haber unido Dios en la misma persona dos cosas infinita­mente distintas, lo infinito y lo finito, y hecho triunfar de la muerte, del infierno y del mundo a la humanidad pasible y mortal de Jesucristo “Aquel que es todopoderoso ha hecho en mí cosas grandes “, dijo María en el Magníficat (Luc., I, 49).

¿Cómo brilla en la Encarnación la sabiduría de Dios? 1º Porque Jesucristo, uniendo en sí la naturaleza increada y la creada, colma, por decirlo así, el abismo infinito que existe entre Dios y la criatura, y completa de este modo la armonía del universo. Dios restauró “en Cristo todas las cosas de los cielo y las de la tierra” (Ef., I, 10). 2° Porque el Verbo encarnado reconcilia en sí a dos enemigos, Dios y el hombre, el ofendido y el ofensor; perdona como Dios el pecado, y como hombre lo expía. La justicia y la paz (en Jesucristo) se besaron” (Salmo LXXXIV, 11). 3° Porque siendo invisible por naturaleza, se hizo visible por la Encarnación, se proporcionó a nuestra flaqueza, se hizo nuestro modelo, y de este modo nos elevó de las cosas sensibles a las espirituales.

¿Cómo brilla en la Encarnación la bondad de Dios? Porque por ese medio hemos sido convertidos en hijos adopti­vos de Dios, hermanos y coherederos de Jesucristo “Amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito” (Juan III, 16).

¿Cómo brilla en la Encarnación la justicia de Dios? En que el Verbo encarnado ha dado a la justicia divina una satisfacción infinita, a la cual tenía riguroso derecho para la reparación del pecado Siendo justificados en virtud de la redención que tienen en Jesucristo a quien Dios propuso para propiciación… a fin de demostrar su justicia” (Rom., III, 24, 25).

¿De qué modo la humanidad se ve enaltecida por la Encarnación? La Encarnación ha enaltecido a la humanidad porque la gloria de Jesucristo recae sobre ella y la hace partícipe, en cierto modo, de la gloria y santidad de Dios “Con razón, pues, me puedo gloriar en Jesucristo” (Rom., XV, 17).

¿Cuáles son los beneficios de la Encarnación? 1° Por medio de la Encarnación, el Hijo de Dios ha hecho de todo hombre un hermano suyo, y coheredero de su eterna gloria “Se hizo lo que nosotros somos, para que nosotros fuésemos lo que Él es. Ha tomado nuestra humanidad, para hacernos partícipes de su divinidad” (S. IRENEO) – “Por Jesucristo mismo nos ha dado Dios las grandes y preciosas gracias que había prometido, para hacernos partícipes, por medio de estas mismas gracias, de la naturaleza divina” (II Pedro I, 4). 2° Por la Encarnación, el Hijo de Dios se ha hecho para nosotros un modelo perfecto, mostrándonos, con sus ejemplos, el camino que hay que seguir para entrar en la vida eterna “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan VIII, 12) –  “Habéis de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyos” (Filip., II, 5) –  “Cristo padeció por nosotros, dándoos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (I Pedro II, 21). 

Conveniencia de la Encarnación 

¿Para qué se encarnó el Hijo de Dios? El Hijo de Dios se encarnó para librar al hombre del pecado. “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos y se encarnó por obra del Espíritu Santo en las entrañas de la Virgen María, y se hizo hombre” (SÍMBOLO DE NICEA) “No envió Dios su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que por su medio el mundo se salve” (Juan III, 17) –  “Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores” (I Tim., I, 15) –  “Vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (I Juan III, 8).

¿Era necesaria la Encarnación? La Encarnación no era de necesidad absoluta, pero sí de conveniencia.

¿Por qué no era absolutamente necesaria? 1º Porque era una obra ad extra, una operación externa, contingente, que Dios era perfectamente libre de hacer o no hacer; 2° Porqué no faltaban a la omnipotencia divina otros medios para rescatar a la humanidad y además Dios no estaba obligado a rescatarla.

¿Por qué era conveniente la Encarnación? Era conveniente que Dios se encarnase, porque este misterio: 1º Hace resplandecer las perfecciones de Dios; 2° Es para el hombre un poderoso estímulo para evitar el pecado y practicar la virtud; 3° Da a Dios una satisfacción equivalente a la deuda del pecado, porque sólo un Hombre-Dios podía igualar la reparación a la ofensa.

¿Cuál de las tres divinas personas podía encarnarse? Teniendo el mismo poder las tres divinas personas, cada una de ellas podía tomar la naturaleza humana.

¿Por qué se encarnó el Hijo, y no el Padre o el Espíritu Santo? Por tres razones: 1ª El hombre había sido creado a imagen del Verbo, que es la imagen substancial del Padre; convenía pues que el Verbo fuera quien reparase aquella imagen desfigurada por el pecado; 2ª Como el fin de la Encarnación era elevar a los hombres a la categoría de hijos adoptivos de Dios, convenía que les fuese conferido ese título por el que es su Hijo por naturaleza; 3ª Habiendo Adán, engañado por el demonio, ocasionado la ruina de la humanidad por amor a una ciencia falsa, convenía que la humanidad volviese a Dios por el Verbo, que es la verdadera sabiduría.

¿Por qué prefirió el Verbo revestirse de la naturaleza humana? 1º Para confundir al Demonio, que así fue vencido por aquella misma naturaleza de la cual había sido vencedor; 2º Para honrar al hombre, que fue rehabilitado en sus títulos gloriosos de rey y pontífice de la creación terrestre; 3º Para glorificar a Dios, el cual recibe de la creación perfectísimo homenaje en la persona del Hombre-Dios, en quien se compendian todos los seres creados.

Errores sobre la Encarnación 

¿Cuáles son los errores principales sobre la Encarnación? Son los de los arrianos, apolinaristas, monotelitas, gnósticos, nestorianos y eutiquianos.

¿En qué consistía el error de los arrianos? Los arrianos negaban la divinidad del Verbo, y por consiguiente la divinidad de Jesucristo. El arrianismo fue condenado en el concilio de Nicena, primero ecuménico (año 325).

¿Cuál era el error de los apolinaristas? Los apolinaristas, discípulos de los dos Apolinarios, padre e hijo, el primero sacerdote y el segundo obispo de Láodicea, enseñaban que el alma de Jesucristo era puramente Sensitiva, y no racional; que las operaciones de la inteligencia las ejecutaba el Verbo de Dios. El apolinarismo fue condenado en el concilio de Constantinopla, segundo ecuménico (año 381).

¿En qué consistía el error de los monotelitas? Los monotelitas, cuya cabeza principal fue Sergio, patriarca de Constantinopla (año 610), enseñaban que el alma de Jesucristo estaba privada de voluntad; que en Él sólo existía la voluntad di villa. El monotelismo fue condenado en el tercer concilio de Constantinopla, sexto ecuménico (año 680).

¿Cuál era el error de los gnósticos respecto del cuerpo de Jesucristo? Los gnósticos, herejes de los dos primeros siglos, enseñaban entre una infinidad de errores, unos, que el cuerpo de Jesucristo era fantástico y otros que había descendido del cielo, y que, por tanto, Nuestro Señor Jesucristo padeció y murió sólo en apariencia.

¿En qué consistía el error de los nestorianos? Los discípulos de Nestorio, patriarca de Constantinopla (año 428), enseñaban que la unión del Verbo con la naturaleza humana no era personar, sino moral, como la que existe entre Dios y el templo en que reside, sacando en consecuencia: 1º que en Jesucristo hay dos personas, la divina y la humana y 2° que el hombre, hijo de María, al cual se unió el Verbo, no es Dios, y que María, por consiguiente, no es madre de Dios y 3° que no debe admitirse una real comunicación de idiomas. El nestorianismo fue condenado en el concilio de Éfeso (año 431).

¿Cuál era el error de los eutiquianos? Los secuaces de Eutiques, monje de Constantinopla, enseñaban que la naturaleza humana en Jesucristo estaba absorbida por la naturaleza divina, como una gota de lluvia lo es por el Océano. Cayeron en este error por combatir a Nestorio: de la unidad de persona sacaron como consecuencia la unidad de naturaleza.­ Fueron condenados en el Concilio de Calcedonia (año 451).

¿Qué consideraciones pueden hacerse acerca de los errores contra el misterio de la Encarnación? 1º Aparecieron desde el origen del cristianismo, y se perpetuaron en distintas formas durante varios siglos.   2° Todos tienden a negar la obra de Dios, destruyendo ya la humanidad, ya la divinidad de Jesucristo. En efecto, si Jesucristo no es verdadero hombre, o por no tener un cuerpo real (gnósticos), o porque su alma no es racional (apolinaristas), o porque no está dotada de voluntad (monote­litas), o porque su naturaleza humana estaba absorbida por la divina a causa de la unión hipostática (eutiquianos), no pudo satisfacer por el pecado, porque la satisfacción, la expiación no convenía a la naturaleza divina. Si Jesucristo no es Dios, porque el Verbo no es Dios (arrianos), o si la naturaleza humana forma en Él una persona distinta de la del Verbo (nestorianos), no pudo dar a su satisfacción un valor infinito, y la Encarnación no realizó el fin principal que Dios se proponía: la plena reparación de la ofensa.

¿Cómo se explica que haya tanto errores contra el misterio de la Encarnación? Porque el demonio que los inspira quiere vengarse así en Jesucristo y la Iglesia, su cuerpo místico, de la derrota que sufrió por medio de la Encarnación. “El dragón se irritó contra la mujer, y marchóse a guerrear contra los demás de la casta de ella, que guardan los mandamientos de Dios, y mantienen la confesión de Jesucristo” (Apoc., XII, 17). 

RESUMEN 

Misterio de la Encarnación.- Este misterio consiste en la unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la sola persona del Hijo de Dios. Los patriarcas y los profetas tenían fe explícita en este misterio, pero el pueblo hebreo lo creía sólo con una fe implícita. La revelación clara de este misterio fue hecha por el arcángel Gabriel a la Santísima Virgen. Los títulos divinos de la adorable persona del Hijo de Dios y los principales beneficios de su misión están significados en los varios nombres que le dan las Sagradas Escrituras. En Jesucristo hay: 1º dos naturalezas, la naturaleza divina y la naturaleza humana; 2º unión personal de estas dos naturalezas; 3º una sola persona, la del Verbo, Hijo único de Dios; 4º la distinción de las naturalezas.

Dualidad de naturalezas.- Jesucristo es Dios. Así lo afirmó Él mismo atribuyéndose los poderes, derechos y honores divinos, declarándolo ante sus Apóstoles, ante el pueblo y ante el tribunal de Caifás. Probó además su divinidad por la santidad de su vida, la perfección de su doctrina, con sus milagros principalmente con el de su resurrección que había predicho, con sus profecías y el cumplimiento en su persona de las profecías del Antiguo Testamento, con la fundación y conservación de su Iglesia. Otra prueba de su divinidad es el culto de adoración que se le da hace ya diecinueve siglos. Jesucristo es hombre, porque real verdaderamente tiene alma humana y cuerpo humano. El alma de Jesucristo sólo difiere de la nuestra por sus incomparables perfecciones. Su inteligencia humana no poseía la ciencia infinita, que sólo a la inteligencia divina pertenece; pero poseía en sumo grado: 1º la ciencia beatifica, o sea la visión de la divina esencia; 2º la ciencia infusa, con la cual conocía por medio de ideas innatas, sin imágenes sensibles; 3º la ciencia adquirida que consistía en aprender por medio de los sentidos y de la razón. Su voluntad humana, distinta de la divina, era impecable; tenía sujeto al apetito sensitivo y gozaba de perfecta libertad. Su corazón fue el centro del más generoso y puro amor. Por un milagro que suspendía los efectos naturales de la visión beatifica, su sensibilidad estuvo sujeta al dolor moral. El alma de Jesucristo estuvo dotada: 1º de la gracia de unión, de la cual resultaba que Jesucristo en cuanta hombre estaba unido personalmente al Verbo de Dios; 2º de la gracia habitual en toda su plenitud; 3º probablemente de la gracia actual auxiliante; 4° por último, de todos los dones gratisdatos. Jesucristo fue colmado de los dones del Espíritu Santo; poseía la caridad y todas las virtudes morales, sin las imperfecciones incompatibles con el estado de beatitud. El cuerpo de Jesucristo era un cuerpo real y verdadero, y no un cuerpo fantástico o celestial. Fue formado milagrosamente de la purísima sangre de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo; ya causa de esa concepción mila­grosa y de la unión con el Verbo de Dios, su alma fue exenta de la mancha original. Jesucristo quiso libremente someter su cuerpo a los padecimientos físicos, del mismo modo que sometió su alma al dolor moral, para expiar nuestros peca­dos, demostrar que era hombre verdadero, y para darnos ejemplo de toda las virtudes.

Unión hipostática. – La unión hipostática consiste en la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en una misma persona, la del Verbo de Dios, La unidad de persona no destruye en Jesucristo la distinción de las das naturalezas, que no están confundidas ni mezcladas cada una conserva sus operaciones propias. Del hecho de la unión hipostática resulta: 1º que debe adorarse la naturaleza humana de Jesucristo; 2º que las abras de Nuestra Señal tienen un valor infinito; 3º que la Virgen María es madre de Dios. A Jesucristo como Dios puede atribuírsele cuanta es propia de la naturaleza humana; y, coma hombre, lo que es propio de la naturaleza divina. Esta atribución recíproca de las propiedades divinas y humanas recibe el nombre de comunicación de idiomas. El hombre, compuesta de espíritu y de cuerpo, es una imagen de la unión hipostática.

Maravillas de la Encarnación.- La Encarnación manifiesta con gran esplendor los principales atributos de Dios: 1º su poder, porque unió dos cosas infinitamente distintas; 2º su sabiduría, porque allana, por decirlo así, el abismo infinito que existe entre Dios y el hombre; 3º su bondad, porque dio a su Hijo en rescate del hombre culpable; 4º su justicia, porque Dios recibe una expiación proporcionada a la ofensa. La Encarnación proporciona a la humanidad, gloria beneficios incomparables.

Conveniencia de la Encarnación.- El Hijo de Dios se encarnó para liberar al hombre del pecado. La Encarnación no era de necesidad absoluta, ya por ser una operación externa de Dios, ya porque no faltaban a la omnipotencia divina otros medias para rescatar a la humanidad caída. No obstante, queriendo Dios salvar al hambre con una reparación proporcionada a la ofensa, la Encarnación era necesaria de una necesidad de conveniencia. Convenía que fuese el Verbo el que se encarnase: 1º porque como imagen substancial del Padre, convenía que el Verbo fuera quien reparase aquella imagen desfigurada por el pecado; 2º porque siendo Hijo de Dios por naturaleza, podía con sus méritos hacer al hombre hijo de Dios por adopción; 3º porque era natural que el Verbo, verdadera sabiduría de Dios, reconciliase con Dios a la humanidad, perdida por amor a una falsa ciencia.

Errores sobre la Encarnación.- Los errores principales sobre la Encarnación son: 1º el de los arrianos, que negaban la divinidad de Jesucristo; 2º el de los apolinaristas, los cuales enseñaban que, siendo el alma de Jesucristo puramente sensitiva y no racional, las operaciones de la inteligencia las ejecutaba el Verbo; 3º el de los monotelistas, que no reconocía en Jesucristo más que una sola voluntad, la voluntad divina; 4º el de los gnósticos, los cuales pretendían que Jesucristo sólo había padecido en apariencia; 5º el de los nestorianos, que enseñaban que en Jesucristo hay dos personas, y que la Santísima Virgen sólo era madre de la persona humana; 6º el de los eutiquianos, que enseñaban que la naturaleza humana en Jesucristo estaba absorbida por la naturaleza divina. Los gnósticos, los apolinaristas, los monotelitas, los eutiquianos, negando en todo o en parte la humanidad en la persona del Verbo, destruyen la satisfacción, los arrianos y nestorianos quitan a ésta su valor infinito, sea negando la divinidad del Mesías, sea haciendo de su naturaleza humana una persona distinta de la divina.